El Hijaab y otras prendas molestas

Recuerdo cuando era jóven, en la escuela, chicas muy graciosas que iban con coletas, otras con el pelo muy largo, tanto, que yo, detrás suya solo podía ver una larga melena oscura. Casi todos masticábamos chicles. Algunos deformaban sus mandíbulas en un gesto casi psicodélico que parecían rumiar.
Después llegó la moda de las gorras y muchas chicas iban a la escuela con todo tipo de complementos. vi muchas incluso con gafas de sol. Las había hippies, clásicas, horteras, góticas,etc..
En este tiempo estudian ahora los adolescentes "penetrados" con multitud de piercings, cascos rapados, peinados imposibles, medias de colores, tatuajes de los más horrorosos, y sobre todo una boquita que más quisiera Camilo Jose Cela.
Yo personalmente no critico estos comportamientos.Es más, veo un valor positivo en la diversidad, aunque tengo que decir que cada vez me gustan menos las nuevas generaciones. Es obvio que hablo dentro de la generalidad. El resultado de la evolución siempre dará individuos evolucionados si se forman como personas.
Si a todo esto, las instituciones de la enseñanza han vivido "en paz" con toda esta diversidad de especies escolares, no me entra en la cabeza que se censure a escolares islámicos por usar el hijaad.
Pañuelo que cubre la cabeza por respeto a Allah.  Es voluntad de la persona llevarla o no.
No soy proislámico, pero pienso que medidas tan absurdas no traen otra cosa que racismo. Tenemos leyes suficientes para decidir lo que es legal y lo que no.

Erase una nariz pegada a una niña

La niña olía, la niña maldecía
ofú que peste!!, ofú que peste!!
la niña nacía limpia, pura
ella se crió en otro ambiente

La niña no saludaba
solo tenía ojitos para los que le pagaban
y daba su lengua larga
a los que de verdad la amaban

ofú que peste!!, ofú que peste!!
decía la niña por todos los rincones
sabiendo que manchaba los corazones
 y ella se salvaba de los refregones

La niña vivía sola, en su cristal perfumado
con su nariz  de azahar colgada en la puerta
custodiando el cielo que Dios le ha dado.

                              Poemilla dedicado a  la "niña" , que sufre de olores y de nariz


Las delicias del Japón encerradas en la almadraba


Esta receta de tataki de atún con salmorejo, es una delicia para la vista y el paladar. Aunque pienso igual que el japonés que le preguntaban en la almadraba de Barbate como le gustaba más el atún, respondiendo el honesto hombre que aunque el sushi de atún es una delicia en el japón, le flipaba encebollao, jaja.
Además es una preparación muy sencilla de hacer, por lo que podéis tenerlo prácticamente hecho con anterioridad, a falta de dar un toque de plancha al atún en el último momento, así que puede ser magnífica como entrante para una cena con amigos.

Ingredientes para 4 raciones

  • Para el tataki, 2 tacos de solomillo, morrillo o lomo de atún de unos 150 gr cada uno, salsa soja y unas gotas de aceite de sésamo
  • Para el salmorejo, 6 tomates rojos, 2 dientes de ajo, 6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, 6 rebanadas de pan duro y un chorreón de vinagre
  • Para decorar, aceite de oliva virgen extra con perejil picado, unas gotas de salsa soja y brotes de alfalfa

Cómo hacer tataki de atún con salmorejo

Ponemos los trozos de atún en maceración, en un plato con salsa de soja y unas gotas de aceite de sésamo. Mientras se va marinando, preparamos un salmorejo, utilizando la batidora de vaso en la que ponemos los tomates troceados, los dientes de ajo y las rebanadas de pan mojadas en agua.
Tras batir un poco, obtendremos una crema espesa. A continuación vamos añadiendo el aceite de oliva virgen extra y el vinagre, para que se vayan incorporando a la crema. Una vez a nuestro gusto, probamos y rectificamos de sal. Si queremos el salmorejo más fino, lo pasamos por el chino y reservamos en la nevera.

Cortamos los trozos de solomillo de atún una vez marinados, en dos o tres porciones cada uno. En una plancha muy caliente, o una sartén con muy poco aceite, los marcamos por cada una de las caras con el fuego muy fuerte. Solamente lo haremos durante un minuto, por lo que intentaremos que quede crujiente, y el calor penetre a toda la tajada.
Colocamos el salmorejo en el centro del plato, y lo rodeamos con aceite de oliva virgen extra perfumado con perejil picado. Sobre el salmorejo, colocamos unos brotes de alfalfa. Colocamos los trozos de lomo alrededor del salmorejo, poniendo un chorreón del aceite de perejil y de la soja del marinado por encima de los trozos para que los colores contrasten.